Nos acaba de dejar nuestro admirado y buen amigo Félix Grande. La triste noticia de su repentino fallecimiento, de la que este jueves por la mañana teníamos conocimiento a través de las ediciones digitales de varios periódicos, ha sido un duro mazazo para los flamencos unionenses y para todo el equipo de la Fundación Cante de las Minas y de nuestro Festival.

Félix vino invitado por primera vez a La Unión en el año 91, para oficiar de pregonero en la trigésimo primera edición del certamen minero, y desde el primer momento quedó fascinado con nuestro Festival, al que llegó a calificar como “una de las instituciones más importantes de las últimas décadas, quizá la más importante”. Su respeto y admiración hacia nuestra ciudad y su certamen fue tal que a lo largo de la década de los noventa era asiduo en La Unión cada mes de agosto, ora para ejercer como miembro del jurado calificador de los concursos, ora para pronunciar alguna conferencia o presentar alguna de sus creaciones literarias.

Félix fue, además de un excelente poeta, ensayista o narrador, una persona muy sensible y comprometida, defensor a ultranza de los gitanos y de otras minorías étnicas, y sobre todo un gran apasionado del arte flamenco. A un intelectual de su talla, la dura y triste historia de los mineros y del trabajo en la minas de nuestra sierra –semilla de nuestros cantes autóctonos – le impactó sobremanera al ver en ellos un colectivo fuertemente oprimido y con un gran sufrimiento, aspectos éstos clave para que se sintiera plenamente identificado con la realidad sociohistórica de nuestros antepasados, y en definitiva con el significado del festival unionense.

En cierta ocasión comentó a nuestros queridísimos Pencho y Asensio que la poesía y el flamenco le consolaban, y que para él “el flamenco era la mejor cura para las heridas”. Hermosa concepción de nuestro arte.

En sus disertaciones sobre sus dos grandes pasiones – poesía y flamenco- siempre abría un paréntesis para manifestar que no encontraba mejor ejemplo que el cancionero flamenco a la hora de transmitir con muy pocas palabras sentimientos tales como el amor, los celos, la muerte……., de ahí la gran importancia que daba a las letras del cante.

Gracias querido amigo por tu inestimable contribución a la dignificación del arte flamenco, por el gran legado que nos dejas, especialmente tu celebérrima “Memoria del Flamenco”, y tu poemario para el disco “Persecución”,  a quien puso voz  EL Lebrijano, y al ingente número de conferencias que pronunciaste, en las que con tu exquisito uso del lenguaje – que lanzabas como una bomba a nuestro corazón- unido a ese tono de voz tan especial que poseías, nos dejabas cautivados a todos cuantos te escuchábamos.

Los flamencos de esta tierra minera y en definitiva todo el pueblo de La Unión no te olvidamos, y lamentamos que nos hayas dejado tan pronto, casi sin despedirte.

Vayan nuestras más sentidas condolencias a su viuda, Paca Aguirre, y a Guadalupe, su hija, excelentes poetisas ambas.

Descanse en paz.

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