El Alcalde de La Unión y Presidente Ejecutivo de la Fundación Cante de las Minas, Francisco Bernabé, y el Teniente de Alcalde de Cultura y Director del Festival Internacional del Cante de las Minas, Julio García, han visitado hoy personalmente al minero Salvador Galian Pérez, y a la viuda del minero Ginés Segura Peñaranda, Carmen Roca Olmos. Esta visita se produce con carácter previo al homenaje oficial a los mismos, que tendrá lugar el próximo miércoles 6 de Agosto dentro del “Día de La Unión”, la Jornada Prólogo del Festival Internacional del Cante de las Minas.

Como cada año, La Unión presenta sus respetos a un minero y a la viuda de un minero en recuerdo de los sacrificios realizados en el desarrollo de esta dura profesión y que a día de hoy es un pasado del que todo unionense se siente orgulloso.

En esta visita personal, Francisco Bernabé ha manifestado la “inmensa satisfacción que supone para La Unión el rendir tributo a nuestros mineros y a sus viudas, pues de este modo le hacemos justicia y nos reconciliamos todos con nuestro pasado, que, a fin  de cuentas, no es sino el mundo de la mina y el de las personas que lo hicieron posible”.

El minero Salvador Galian Pérez nació en 1939 en El Algar. Corría el año 1958 cuando, con tan sólo 19 años y “siendo prácticamente un niño”, empezó su trabajo en la mina “Tranvía” para extraer plata, blenda y pirita, en la época en la que Esteban Bernal, futuro Alcalde de la Unión, era el dueño de dicha mina.

Animado y anecdótico, Salvador nos cuenta como fueron sus años en la mina: “Empecé a trabajar ahí porque no había otra cosa”, reconoce Salvador, quien admite que las condiciones de trabajo eran muy duras, “bajabas en un cubo al pozo y allí había galerías, entonces sellabas cubas de género para que lo sacaran para la calle; era muy duro, con martillos, había que echárselo al hombro o a la cabeza para sacarlo”.

Tembloroso, saca una vieja fotografía resquebrajada para mostrarnos una escena en la que se aprecian a unos jóvenes semi-vestidos, él entre ellos, para decirnos “de todos los que están aquí, están todos muertos menos yo”.

Y es que a pesar de su larda y dura vida, Salvador puede considerarse un hombre con suerte. A excepción de algunos accidentes sin gravedad en el trabajo, este minero ha burlado a la silicosis, y ha llegado a la edad de 74 años con una salud que aún le permite bromear sobre el asunto “Si yo la hubiese pillado, ya estaría enterrado”.

Se trasladó a La Unión hace 54 años por amor a su mujer, María Melgarejo Aznar, con la que tuvo 9 hijos. Tras el cierre de la mina unionense, se trasladó a Mazarrón para seguir trabajando en otra explotación: la mina de Las Pedreras. Como cabeza de familia, Salvador dedicaba las mañanas a los trabajos en la mina y las tardes a los trabajos en el campo. Había que ganar todo el dinero posible, y los sueldos no eran muy altos.

Después de once años difíciles, Salvador abandona la mina para empezar a trabajar en el Ayuntamiento de La Unión, donde asegura que hizo “de todo: enterrador, matarife, barrendero…”

Aún habiendo llevado una vida más tranquila hasta su jubilación en 2003, Salvador admite orgulloso que en el caso de volver atrás en el tiempo y tener la oportunidad, volvería a trabajar en la mina sin pensarlo: “claro que me metería, sin miedo, como yo ya sé lo que es eso, así que sí, me metería”.

Muy dura también ha sido la vida de Carmen Roca Olmos, casada con el minero Ginés Segura Peñaranda, que falleció en octubre del año pasado a la edad de 82 años víctima de la tristemente conocida como “enfermedad de la mina”, la silicosis. Nacido en La Unión en 1931, desde bien trabajó en las explotaciones de la empresa Peñarroya, como “Brunita” o “Gloria”.

Carmen y Ginés empezaron a “mocear” cuando ella tenía apenas 14 años, y él 18. El chico empezó a visitar a su novia a diario en El Algar, su localidad natal, hasta que decidieron emprender una vida juntos y un largo matrimonio que ha durado 64 años. De esta unión nacieron 3 hijos, dos niñas y un niño.

Cuenta su viuda que Ginés siempre elegía “los peores tajos” para ganar más dinero, unas 1.000 pesetas a la semana de las de la década de los años 60. Ginés también trabajó en la mina para ayudar al tratamiento médico de una hermana, enferma de tuberculosis.

Fueron 15 años los que este unionense dedicó a extraer mineral de la Sierra, entre temperaturas altísimas, dificultades para respirar y una humedad asfixiante. Hasta que un hermano emigró a Barcelona, y se lo llevó con él.

En la ciudad catalana crecieron los hijos de Carmen y Ginés durante 30 años. Y fue a finales de la década de los 90 cuando la enfermedad de la madre de Carmen les obligó a volver a La Unión. Ginés ya llevaba tiempo retirado, y su deseo y el de toda su familia era regresar a su tierra.

Carmen se emociona al recordar cómo amaba Ginés a la mina, a pesar de todo. Su ídolo musical, y el de su mujer, no podía ser otro que Antonio Molina. Y su canción preferida, “Soy minero”. Un himno que esta mujer, trabajadora inagotable y llena de vida a sus 78 años, no puede escuchar sin emocionarse.

La viuda del minero homenajeada este año agradece enormemente el reconocimiento del Festival del Cante de las Minas, aunque asegura que le hubiese gustado más que este premio lo hubiera recibido su marido en vida. Carmen asegura, desde su  modestia y el amor por su marido: “Él se lo merecía más”.

 

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