El cantaor volvió a poner al público en pie en un concierto magistral 28 años después de ganar la ‘Lámpara Minera’, en el que invitó a la cantaora unionense a interpretar unos cantes de Levante y rendir homenaje a Pencho Cros.

• El que fue once años director del Cante de las Minas, Juan Jiménez Alcaraz, recibió el ‘Castillete de Oro’ por su labor en la proyección nacional e internacional del Festival, y Dolores Fernández Arcas obtuvo el ‘Pencho Cros’ en la categoría de Artes Plásticas/Escultura.

El ‘Cante en la Calle’ subió a Celia Romero al escenario de la Plaza Joaquín Costa, optando por tangos extremeños y cantes de su tierra, sin olvidar la guajira, la soleá o las levanticas.

Ya lo contaba antes de empezar su concierto: era una noche en la que se iban a mezclar muchos elementos para hacerla muy emocionante. Y sin duda, emocionante fue la noche en la que Miguel Poveda volvió a agotar las entradas, llenar el escenario y demostrar que su ‘Lámpara Minera’ fue un premio visionario para el que se convertiría en uno de los cantaores más destacados del país. Porque estaba claro que este catalán tenía mucho que aportar al flamenco y a la música.

La de anoche fue una de las más esperadas de esta 60 edición: cuando Poveda volvía a La Unión para hacer disfrutar de un show cargo de diversidad, fusionando el cante clásico con su cuadro flamenco con temas dedicados a Federico García Lorca o canción andaluza. Todo lo que su cuerpo “ha vivido” en estos años. Por eso empezó con dos palmeros (Miguel Soto ‘El Londro’ y Carlos Grilo) y su voz, a más de un metro del micrófono, demostrando un torrente de voz que no tiene parangón, con la ‘Oda a Walt Whitman’, ese poema a Lorca que incluyó en su disco ‘Enlorquecido’. Se fueron sumando Paquito González a la percusión, Daniel Casares a la Guitarra, ‘El Choro’ al baile y al taconeo y la colaboración especial de una guitarra como la de Diego del Morao. El espectáculo estaba servido.

Fue tras el ‘Pregón del Uvero’ y una bulería cuando se dirigió al público de La Unión. “Vengo con una ilusión, unas ganas y un amor increíbles, porque cada vez que llego a esta tierra ya saben ustedes que se activan todas las emociones, los recuerdos… cada esquina tiene un recuerdo. Es un sentimiento que parece que se queda escondido y cuando vuelves, vuelve a activarse”, dijo emocionado a la vez que recordaba a su madre, a su padre, a sus amigos y a la gente que le ha dado “tanto amor por la calle” para hacerle un hijo de este pueblo. Bromeaba diciendo que ese amor ha hecho “que uno se lo crea un poquito”, porque “en La Unión soy alguien importante”. Su desparpajo llegaba a cada butaca de Maquinista de Levante a la vez que ese sentimiento que desprendía, con la autoexigencia de conseguir que esta tierra que es como su casa se sintiera orgullosa de él y le encuentren sentido a haber apostado por él con ese galardón ‘Lámpara Minera’ que ganó en el año 1993. “Estoy aquí para darles todo mi corazón”, advirtió el cantaor.

Empezó a marcar el ritmo con ‘Quítame el beso de anoche’, de ‘Bambino’, a quien nombraría en más de una ocasión durante el concierto. Paseó con el poderío que le caracteriza de un lado al otro del escenario, creando una escena de baile con ‘El Choro’ y siendo él quien marcaba en alguna que otra ocasión los pasos. Había momentos en los que, prácticamente a capella, proyectaba su voz por todo el recinto.

No le faltó el guiño a Federico García Lorca, con ‘Carta a Regino Sainz de la Maza’, dando paso además a temas instrumentales para que Daniel Casares pudiera mostrar su talento a las seis cuerdas. Con ‘Hey’ y ‘Voy a perder la cabeza por tu amor’ versionó grandes clásicos, para adentrarse después en el flamenco más puro, montando un tablao para compartir malagueñas, abandolaos, una guajira dedicada a “los hermanos de Cuba”; soleá por bulería jugando con los ritmos, tangos y alegrías.

Lo que no sabía el público es que Poveda sorprendería subiendo al escenario a la cantaora unionense Encarnación Fernández, a quien halagó por “anteponerse como mujer para tomar el reino y la corona de los cantes mineros”, tal y como la presentó. Acompañada de su hijo, el guitarrista Antonio Muñoz, interpretó a dúo unos cantes de Levante que sonaron con una magia especial, tanta que Miguel no pudo evitar emocionarse ante el cante de Encarnación, rindiendo homenaje conjunto a Pencho Cros, haciéndolo presente en el escenario, y creando un momento inolvidable para La Unión.

Su fin de fiesta pasó por recordar la música que escuchaba en el cassette, cuando lo sacaba a la puerta en su barrio, y donde estaban presentes Los Chichos o Bambino. Y fue por este último empezó a entonar esa letra de ‘Quiero tenerte a todas horas a mi lado / y besarte como nadie te ha besado / parando las manillas del reloj’.

Tras dos horas y media de concierto, Poveda salió del escenario con el público en pie, alabando a un cantaor que La Unión, desde hace muchos años, siente como suyo.

Un director que llevó el Cante de las Minas a toda España

Como cada tarde, la Plaza Joaquín Costa entregó algunos de los galardones de esta 60 edición del Festival Internacional del Cante de las Minas. Juan Jiménez Alcaraz fue director del Festival Internacional del Cante de las Minas en tres etapas: del año 1983 al 1987, entre 1990 y 1992 y entre 1995 y 1999. Once años en los que dio grandes pasos como la celebración de las pruebas selectivas por toda la geografía española o la proyección primero nacional y después internacional, rodeándose de un buen equipo en el que estaba Alfonso Paredes, Pepe Cros o Pepe Fernández. La clave de su gestión la resume en tres puntos: inconformismo, la innovación y la creatividad.

Es por eso que en esta 60 edición, el Festival ha decidido concederle el galardón ‘Castillete de Oro’, que recogió reivindicando, en primer lugar, su “amor incondicional por este pueblo; mi tierra; La Unión”.

“El Festival transformó con su verdad la manera de entender el flamenco, que es una manera de vivir y buscar respuestas en el presente”, afirmó, recordando en este modo de vivir la aparición “como el viento rotundo, la voz de Pencho Cros, que cuando cantaba nuestra minera, siempre dolía y lastimaba nuestro ser, porque él estaba lleno de autenticidad”. A su lado, nombró a Encarnación Fernández con su levantica, “que nos desgarraba y presentaba las condiciones generales de la vida misma, siempre acompañada de su padre Antonio Fernández, el siempre compañero de Pencho Cros”.

Destacó la reforma continua del festival y su creatividad, sin olvidar la humildad, “para recordar que siempre se puede mejorar”. Afirmó así que nunca disfrutaba el festival. “Siempre estaba insatisfecho, esa era mi palabra, porque todo se puede hacer mejor yo aprender de todo”. “A pesar de todas las dificultades, el corazón de un minero como el de la unión nunca se agota”, subrayó.

El presidente de la Fundación Cante de las Minas, Pedro López, destacó que por el festival “pasan muchas personas que trabajan, lo engrandecen y desaparecen”. “Parece que se olvidan pero el Festival tiene que ser todo lo contrario, tiene que agradecer todos los días a aquellas personas que nos han hecho grandes”, afirmó reconociendo el mérito de Juan Jiménez, que “hizo que nuestro festival hoy sea reconocido, admirado y querido, apostando por la descentralización”.

“Un filón que nunca se agota”

La jornada también entregó el galardón ‘Pencho Cros’ en la categoría de Artes Plásticas a la escultora María Dolores Fernández Arcas, una creadora que emana flamenco con sus manos, transmitiendo emociones con sus creaciones y texturas.

“Estoy emocionada por este reconocimiento, que ha sido para mí una gratísima sorpresa”, confesó la escultora, quien afirmó que tiene con La Unión un vínculo muy especial por tener un gran peso en la trayectoria de su obra. La escultora expuso en el año 1995 y tiene preparada una nueva exposición de esculturas en torno al flamenco que presentará en la próxima edición del Cante de las Minas.

“El flamenco es un gran contenedor de expresión y emoción”, destacó, a la vez que no dudó en afirmar que “La Unión ha sabido encontrar la mina con el filón que nunca se agota, que es el del arte y la cultura”.

Una joven promesa que no deja de consagrarse

Una noche más, a los pies de la ‘Catedral del Cante’, se pudo disfrutar de un espectáculo de flamenco con mayúsculas. La artista Celia Romero derrochó todo el arte que allá por el año 2011 la hizo merecedora de la Lámpara Minera. Entonces Celia Romero era una joven promesa del cante flamenco y, en cambio, anoche la artista volvió a La Unión como lo que es ahora: una cantaora que deslumbra con luz propia.

La artista extremeña estuvo arropada sobre el escenario por el guitarrista Francisco Pinto y deleitó al público con un espectáculo de corte clásico en el que no faltó la soleá, la guajira y unas levanticas. Se entonaron los cantes de su tierra y Romero envolvió la noche con una atmósfera única que solo ella es capaz de conseguir interpretando de manera magistral unos tangos extremeños. La cantaora derrochó elegancia por bulerías y por fandangos y demostró ante el público que la vio hace diez años consagrarse como figura del flamenco que continúa en la actualidad.

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